25 nov. 2010

Daniella aspiró el olor a café del viejo bar, todo estaba bastante limpio para ser uno de esos bares de carretera donde paraban los camioneros a beber y beber sin dar cuentas a nadie para después dormir en la cama improvisada en el camión.

Daniella sabia bastante bien como eran, un colchón lo suficientemente fino como para clavarte lo que hubiera debajo de este y para que el frío del metal rozara tu cuerpo.

Dio un sorbo dejando que el calor entrara en sus huesos y la cafeína le permitiera al menos dos horas mas despierta, estaba agotada de todo, de llevar las riendas de su vida, los gastos de una casa y los estudios en el instituto público. Tenia dieciséis recién cumplidos pero su alma tenia casi sesenta.

El pelo rubio cayo tapando un lateral de la cara molestándole a los ojos, sopló y el fino cabello revoloteó hasta volver de nuevo al sitio en cuestión, lo dejó ahí, tapándole la visibilidad, tampoco es que le importar demasiado ver mucho, a oscuras todos los gatos son pardos y eso era lo que le interesaba.

Escuchó su voz y el chirriar de la puerta de madera y su cuerpo tembló como una hoja siendo acariciada por el viento otoñal. Marco, el amante italiano que conseguía embadurnar su cabeza con retazos de poemas. Marco no ordenaba, a veces incluso pasaban horas sin hacer nada mas que leer o mirar la televisión.

Dio otro sorbo, esta vez mas corto y mascó el líquido, aún sin girarse a mirarlo esperó. Marco solía decirle que seria capaz de reconocerla entre un centenar de personas y ella se burlaba, pero era cierto que si el la reconocía en aquel barullo de hombres y mujeres, seria un poco mas feliz.

Sin quererlo sus pies se movieron nerviosos sobre el apoya pies del taburete.

-Es lunes.

-Las facturas no entienden de días de la semana.

-Mejor, tenia ganas de verte.-Las manos grandes y calientes de Marco se enredaron en su pelo- ¿te apetece venir conmigo?

Daniella acarició con la yema de los dedos la porcelana de la taza blanca.

-Si.

Marco dejó unas monedas sobre la taza de café y agarrándola fuerte de la cintura la sacó de allí.

La noche estaba bastante tranquila, en la calle, nada de peleas por drogas y la policía parecía que tendría unas horas de tranquilidad hasta que a algún idiota se le fuera la cabeza y tuvieran que hacer acto de presencia.

Daniella se separó un poco, intentado que su cuerpo recuperara la firmeza de la que solía orgullecerse, pero últimamente cuando estaba con Marco le era imposible y se mostraba tal como era realmente. Algo débil. Y ella no podía ser débil, si la veían vulnerable seria mas fácil aprovecharse.

Encendió un cigarro robado al viejo que estaba a su derecha y caminó mas rápido.

-¿Dónde vas?

-sigo mi instinto.

-pues tu instinto no es muy bueno, deberíamos ir a la derecha.

-¿Qué hay ahí?

-mi coche.

-mhh, ¿me secuestras?-preguntó divertida dejando todo el peso sobre un pie.

-nunca hago nada que no quieras

Marco tenía el pelo largo y color oscuro, y Daniella pensó que bajo el reflejo plateado de la luna era aun más hermoso

-porque no tienes novia o una mujer que te espere ene casa cuando salgas de trabajar.

-no he encontrado ninguna

-no me lo creo, eres guapo, alto y listo, te encanta leer a Neruda y Becquer, resuelves en segundos sudokus en los que yo no he adivinado la primera casilla…¿no será que exiges demasiado?

-puede ser-Marco se encogió de hombros- ¿Por qué tengo que contarte mi intimidad?

-conozco toda tu intimidad, esto no es mas que una conversación banal.

-¿Por qué estas aquí estas horas?

-me gusta la noche.

-¿y tus padres?

-¿llamas padres a esos personajes que esperan con la mano abierta a que llegue para tener otro trago de wisky?

Marco tragó fuerte- no es cierto.

-no, no es cierto, pero queda trágico ¿verdad?-mintió poniendo una enorme sonrisa en su rastro aun aniñado- a los viejos les gusta creer que tienen en sus brazos una pequeña cenicienta, se sienten superiores y acaban antes. Viene bien.

-Conmigo usaste otro método.

-Contigo tuve que utilizar todos mis encantos, si no, hubieras acabado con Sabrina.

-¿Por qué piensas eso?

-lo se, simplemente.¿es este tu coche?

-Aha.

-¡está calentito!-Sin esperar a que el caballero abriera la puerta Daniella ya estaba dentro, con los brazos alrededor de su pequeño cuerpo- ¿puedo?

-claro, pon lo que quieras

-un poco de rock no estaría mal.

-Pues rock entonces. ¿Dónde quieres ir?

Daniella se encogió de hombros, ir a las estrellas no estaba dentro de su vida.

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